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lunes, 8 de noviembre de 2010

Comentarios sobre el análisis foliar

 El análisis, la determinación y el diagnóstico del contenido de elementos minerales en las hojas de la vid es una herramienta que, bien empleada, puede resultar de una gran utilidad, no sólo para la interpretación del estado nutritivo en sí mismo del viñedo, sino para evaluar el medio, el estado de crecimiento de las vides, su vigor, el rendimiento, composición de la uva o las sensibilidades a alteraciones; pero que si no se maneja correctamente desde la toma de muestras a su análisis e interpretación, puede resultar totalmente inútil y fuente de errores.


Para el diagnóstico e interpretación de la nutrición mineral de la vid existen numerosas posibilidades, que pueden ir desde la observación del estado de crecimiento hasta complejos análisis químicos de distintas partes de la planta y diferentes tejidos; se puede recurrir desde la simple observación del desarrollo y coloración de las hojas, al más completo análisis de savia o al más tradicional análisis foliar. Las posibilidades son numerosas, pero la bondad y el interés de los resultados depende de la capacidad de representar el estado nutritivo y poder establecer relaciones causa-efecto, con el fin de interpretar correctamente y poder tomar decisiones de cara a las intervenciones en el viñedo.

Fotos.- Deficiencia Magnesio y potasio


Los procedimientos de observación, toma de muestras y análisis son totalmente decisivos para que los valores o valoraciones obtenidas tengan utilidad. El llamado análisis foliar tiene como características destacadas que los valores que de él se obtienen son interpretables y que nos permiten establecer causas
y recomendar actuaciones en el viñedo. El análisis foliar nos da valores de contenidos en las hojas de elementos minerales y nos puede indicar, sobre el estado nutricional, si el contenido en un determinado elemento es adecuado, es bajo o excesivo, es decir, nos informa de si se presenta un estado carencial o si existe un problema de toxicidad. Sobre el equilibrio, pero de cara a las posibles correcciones, los valores que nos indica permiten hacer valoraciones de tipo cualitativo, pero sólo orientan cuantitativamente, es decir, no podemos establecer una correspondencia concreta entre el nivel que encontramos y la cantidad de fertilizante que debemos aplicar. El análisis foliar orienta en la conveniencia de aplicar un cierto elemento, y como mucho, si la cantidad debe de ser grande, pequeña o media, pero no nos indica cantidades concretas recomendables.


El análisis foliar no es sólo una herramienta para la programación del abonado, supone un gran complemento a los análisis del suelo, ayuda a comprender las necesidades, estados y respuestas del viñedo, indicando la adecuación, carencia o toxicidad de los diferentes elementos minerales. Este tipo de análisis mejora sus posibilidades de interpretación de cara a la fertilización u otras actuaciones cuando se dispone de estudios y análisis del suelo, de información climática y meteorológica; cuando se dispone de información del crecimiento vegetativo y del vigor, como son el peso de los residuos de la poda y pesos de los sarmientos, es interesante conocer los componentes del rendimiento (números de sarmientos, de racimos, de bayas; pesos del racimo, de las uvas, de la cosecha), la composición de la uva (peso, azúcares, acidez, potasio, nitrógeno, fenoles, etc.), estado y coloración de las hojas, alteraciones parasitarias y no parasitarias, duración de las fases de crecimiento vegetativo y de las uvas, etc. Además, de forma recíproca, el análisis foliar ayuda a comprender e interpretar esta información sobre el viñedo y su medio.




Normalmente, cuando se someten las hojas a análisis, tratamos de determinar los contenidos en macroelementos como el nitrógeno, potasio, fósforo, calcio, magnesio y azufre, consumidos cuantitativamente de forma relativamente grande, así como en microelementos esenciales como son
hierro, boro, manganeso, cobre, molibdeno y zinc, si bien en algunos casos puede resultar de interés determinar también los contenidos en otros elementos que, como el aluminio y el sodio, están presentes en la vid.

Es importante que recordemos que el contenido de elementos minerales en las hojas cambia con la variedad, con el patrón, con las características del suelo del viñedo y con las condiciones climáticas. Pero además, el periodo del ciclo, la edad, la posición de la hojas y el estado sanitario, en el peciolo y limbo de la hoja, modifican su diferente composición mineral.


JOSÉ RAMÓN LISSARRAGUE
Profesor de Viticultura.
Universidad Politécnica de Madrid

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